Arritmia del corazónCardiologíaEnfermedades Cardiovasculares

Viviendo con una arritmia sin saberlo: una historia sobre EVC

EVC y arritmia

Una mañana normal, José había despertado y se sentía tan bien como siempre. Todo parecía que iba a ser un día más, así que se dispuso a comenzar su rutina.

Encendió un cigarrillo como de costumbre mientras se dirigía a trabajar. “Es para calmar la ansiedad” decía.

A mediodía, la esposa de José recibe la llamada de un hospital en donde avisan que él está internado y su pronóstico es grave.

Tuvo un EVC por sus malos hábitos y  prevenirlo estuvo en sus manos, quién lo hubiera sospechado…


El evento cerebrovascular (EVC) o conocido comúnmente como “derrame cerebral” (aunque este término no es apropiado) sucede cuando se presenta una obstrucción de un vaso sanguíneo por un coágulo o cuando el aumento de presión es tan elevado que ocasiona el estallamiento de una arteria cerebral (recordemos que las arterias también tienen un límite de elasticidad).

Ambas formas son altamente dañinas y mortales, ya que interrumpen la circulación, dejando al cerebro sin riego sanguíneo, y por lo tanto, sin oxígeno.

El cerebro puede estar sin sangre aproximadamente 3 minutos, si después de ese tiempo no se reanuda la circulación, aumenta en gran medida el riesgo de presentar daños neurológicos graves e irreversibles que dependen de la zona donde impactó el coágulo o estalló el vaso sanguíneo, o incluso, sobreviene la muerte.

Uno de los factores de riesgo es la hipertensión arterial, sobre todo cuando no se controla con medicamentos ni con otros hábitos, pero también se ha asociado el EVC con las arritmias cardiacas.

En las arritmias, las cavidades del corazón (aurículas y ventrículos) no bombean adecuadamente la sangre, y por lo tanto no la mantienen en constante movimiento, lo que favorece la formación de un coágulo, como ya mencionamos, este puede incorporarse a la circulación y llegar al cerebro.

La mayoría de los pacientes con arritmia presentan síntomas un tanto inespecíficos tales como palpitaciones, cansancio, debilidad, sensación de ahogo, mareo y desmayos sobre todo al realizar esfuerzos, lo que dificulta el diagnóstico y aumenta el riesgo de un EVC.

El mejor consejo es darse un espacio para una revisión médica general de vez en cuando. ¿Para qué permitir serios desenlaces cuando se tiene la opción de prevenir?

No esperes a vivir con una bomba de tiempo. Recuerda que tu vida puede estar en riesgo.

 

Comenta esta nota

Palabras clave: