El dolor crónico es aquel dolor que persiste por más de tres meses, ya que en ese tiempo normalmente se resuelve o alivia una lesión aguda. En este periodo el dolor puede ser constante o intermitente. El dolor crónico afecta el entorno social, laboral y afectivo del paciente, así como su calidad de vida y la de su familia.

El dolor crónico es un problema de salud que afecta del 25 al 30% de la población general a nivel internacional. Considerando que en México tenemos más de 100 millones de habitantes es posible que alrededor de 28 millones de habitantes padezca este tipo de dolor.

Síntomas

El dolor es una sensación desagradable que por lo regular es ocasionada por algún daño a nuestro organismo, el cual nos avisa mediante esta sensación que algo anda mal. En ocasiones esta sensación se acompaña de otras características como angustia, ansiedad, estado de ánimo decaído, irritabilidad que producen un mayor sufrimiento provocado por el dolor.

La diferencia entre el dolor agudo y el crónico es la duración. Cuando un dolor lleva más de tres meses es considerado dolor crónico.

El dolor crónico provoca alteraciones físicas y psicosociales como:

Dificultad para moverse ocasionando distrofias musculares o articulares

  • Alteraciones del sueño
  • Falta de apetito
  • Bajo rendimiento en actividades laborales o incluso discapacidad
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Aislamiento
  • Automedicación

 

En diferentes estudios de dolor crónico en la población mexicana se ha observado una prevalencia un poco mayor en las mujeres siendo para ellas el 55% y 45% en los hombres. En las mujeres los dolores presentados con más frecuencia son la artritis, fibromialgia, dolor de cabeza, dolor cervical y dolor de espalda. En la población económicamente activa se observan condiciones de dolor como trastornos musculoesqueléticos, espondilitis anquilosante (trastorno autoinmune) y enfermedades psiquiátricas. Los síndromes dolorosos más frecuentemente reportados en el paciente pediátrico son el dolor musculoesquelético (dolor de espalda y extremidades inferiores), dolor en oídos, dolor abdominal recurrente, dolor pélvico recurrente, y dolor de cabeza.

 

Diagnóstico

Al ser una experiencia subjetiva es muy difícil valorar por lo que se requieren métodos, exploraciones físicas, técnicas complementarias y una historia clínica muy completa que ayuden al especialista a generar el diagnóstico. En ocasiones el paciente ya se ha sometido a diferentes pruebas diagnósticas con resultados negativos y no se reconoce fácilmente el origen del dolor, por lo que el especialista deberá realizar pruebas de alta tecnología y/o utilizar modelos biopsicosociales con el objetivo de aliviar el dolor a través de rehabilitación o modificación de comportamientos. Estos modelos diagnósticos incluyen:

  • Cuestionario de dolor: incluye información básica del paciente, antecedentes familiares, características del dolor, entorno social, estatus funcional y en su caso tratamiento actual.
  • Entrevista clínica: el objetivo de esta entrevista es generar empatía entre el médico y el paciente y elaborar un plan de evaluación y tratamiento. Se deberá realizar un historial del padecimiento o historial del dolor.
  • Evaluación del dolor: Mediante diferentes escalas el médico podrá clasificar el dolor de acuerdo a su intensidad y a su esfera sensorial y afectiva.
  • Exploración física: Se lleva a cabo una evaluación del estado general físico, neurológico, musculoesquelético y neurológico del paciente, para obtener las causas principales del dolor.
  • Evaluación psicológica: La mayoría de los pacientes con dolor crónico presentan ansiedad por lo que esta evaluación ayuda a descartar algún trastorno de este tipo.

Tratamiento

Una vez hecho el diagnóstico el especialista determinará cuál es el tratamiento adecuado. Por lo regular se requiere de un equipo multidisciplinario debido a que el tratamiento consistirá en diferentes alternativas que podrán ser empleadas en paralelo. La fisioterapia, el apoyo psicológico y los tratamientos complementarios serán parte fundamental del tratamiento integral.

  • Fisioterapia: La realización de ejercicios puede ayudar a reparar la función de articulaciones y músculos ayudando a recobrar la movilidad y disminuir el dolor.
  • Apoyo psicológico: Parte del tratamiento integral es apoyar al paciente a sobrellevar el efecto negativo del dolor con ejercicios de comunicación y relajación.
  • Tratamientos complementarios: Los métodos quiroprácticos, terapias de osteopatía e incluso la acupuntura pueden ayudar al movimiento de las articulaciones.

 

Tratamiento con fármacos

Por lo regular el tratamiento farmacológico está basado en analgésicos o antiinflamatorios. Existen gran cantidad de estos medicamentos por lo que el médico será el que decida de acuerdo a la historia clínica del paciente, cual o cuales medicamentos son mejores en cada caso. Los más comunes son ácido acetilsalicílico, ibuprofeno y paracetamol.

Algunos tipos de dolor exigen fármacos más potentes denominados opiáceos; los más comunes son la morfina o la codeína, que pueden ser administrados de forma de comprimidos o parches transdérmicos.

Adicionalmente, existen algunos otros fármacos que ayudan a aliviar ciertos dolores como pueden ser los antidepresivos o los anticonvulsionantes. Generalmente los antidepresivos son recetados como un tratamiento para regular los trastornos del estado de ánimo como la depresión; sin embargo, algunas investigaciones sugieren que también podrían aliviar el dolor nervioso, dolores de cabeza, dolor de espalda y la fibromialgia.

 

Tratamientos quirúrgicos

El tratamiento del dolor crónico es un tratamiento integral en donde se llevan a cabo diferentes opciones terapéuticas. Si el tratamiento convencional como la medicación, la fisioterapia y algún método complementario no están dando los resultados esperados, el especialista puede recomendar alguna alternativa quirúrgica como pueden ser:

  1. Bloqueo nervioso y neurolítico: Consiste en la aplicación de una inyección directamente en el nervio que controla la zona del dolor. Puede ser un anestésico local o una inyección de esteroides. Esta alternativa proporciona un alivio temporal, aunque algunas personas tardan mucho en experimentar de nuevo el dolor.
  2. Neuroestimulación (estimulación eléctrica): La estimulación eléctrica puede servir para disminuir la sensación de dolor en ciertas partes del cuerpo. Se le denomina técnicamente neuroestimulación. Esta se lleva a cabo de forma transcutánea es decir, directamente aplicada sobre la piel mediante un dispositivo, o bien aplicada directamente en el sistema nervioso por medio de un dispositivo en la médula espinal o en el cerebro. No se requiere medicamento adicional por lo que no se esperan efectos secundarios.
    1. Implante transcutáneo: Se implanta un dispositivo con electrodos en la piel cercana a la región afectada por el dolor. Estos electrodos están conectados a un neuroestimulador que se lleva regularmente en el cinturón y mandará señales o impulsos eléctricos para bloquear el dolor.
    2. Implante en médula espinal: Se implanta un dispositivo bajo la piel de la región abdominal; de igual manera se implanta un electrodo a lo largo de la médula espinal de manera quirúrgica. El dispositivo del abdomen será el estimulador que mande las señales o impulsos eléctricos al electrodo ubicado en la médula espinal. Estos impulsos bloquean las señales del dolor de manera específica a la zona donde se encuentra la dolencia.
  3. Administración de medicamentos por vía intratecal: Se realiza por medio de un tubo delgado llamado catéter ubicado directamente al espacio intratecal que es por donde fluye el líquido que se encuentra alrededor de la médula espinal. Por medio del catéter se suministra el medicamento que regularmente es un analgésico que se encuentra en una bomba implantada quirúrgicamente debajo de la piel.
  4. Cirugía: Se puede llevar a cabo cirugías que reparen algún trastorno especifico como daños en la columna vertebral tales como hernia de disco. De igual manera con una intervención quirúrgica se pueden destruir células nerviosas que estén enviando transmisiones dolorosas. Este tratamiento ya no es muy utilizado debido a sus complicaciones.

Cuidados después del procedimiento

Después de cualquier procedimiento el paciente debe tener un periodo de reposo. El período de recuperación inicial será de aproximadamente de 6 a 8 semanas. El médico proporcionará instrucciones especiales durante las primeras semanas después del procedimiento; específicamente en el caso de neuroestimulación habrá un programa de entrenamiento para el cuidado del neuroestimulador. Es importante conocer que el neuroestimulador no hace ningún ruido, normalmente no se transparenta por la ropa, y de igual manera podrá sentir una pequeña protuberancia bajo la piel. El neuroestimulador se puede ajustar usando un dispositivo de mano.

Además del tratamiento con el dispositivo, el programa indicado por el médico puede incluir terapias como ejercicio y fisioterapia que ayuden a recuperar su calidad de vida de manera más rápida.

En el caso de la cirugía también debe haber un período de reposo inicial y el especialista empezará con un programa de rehabilitación incluyendo ciertos ejercicios y fisioterapia que ayuden al paciente a incorporarse a su vida diaria de manera natural.

 

FUENTES Y REFERENCIAS CONSULTADAS:
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