Amor y dolor

Por lo menos una vez nos hemos enamorado perdidamente y no necesariamente fue nuestro primer amor. Sabemos cómo se siente el amor: demasiada felicidad, impaciencia por ver y estar con esa persona, cosquilleo al sentir su mano y ¡qué decir al momento de un beso!

Algunas investigaciones realizadas en Estados Unidos, demostraron que esa euforia puede inhibir las sensaciones de dolor y aumentar las de placer.

Revelaron que el amor es originado por un mecanismo de acción en donde el principal responsable es la dopamina y causa un efecto muy parecido al de la morfina y cocaína, ya que actúa en los centros de recompensa y placer del cerebro.

Hay que destacar que el poder analgésico del amor se manifiesta cuando las personas están en la fase de enamoramiento (los primeros 6 meses de la relación) que es  cuando las emociones son más intensas.

Esta extraordinaria propiedad del amor no puede servir como terapia para eliminar completamente el dolor crónico, sin embargo, nos deja una importante lección: las emociones placenteras nos brindan beneficios a la salud y podemos estimular nuestro cerebro tanto positiva como naturalmente.

El antídoto contra el dolor, no podría ser otro.

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