Imagine que usted está caminando con su familia hacia uno de sus lugares favoritos. Todo es felicidad hasta que… de pronto, un mensaje de texto llega a su celular y en vez de detenerse a leerlo, lo hace mientras camina.

Desafortunadamente, usted no identifica un poste en el camino hasta que es demasiado tarde pues este casi golpea su cabeza. Para evitarlo y por poner al frente su mano, se acaba lastimando un dedo. Después de las risas de usted y su familia (y la vergüenza que le causa lo acontecido), empieza a sentir dolor, pero… ¿de dónde viene ese dolor que siente?


Todo tiene un por qué… Sí, hasta el dolor…

El dolor es un mecanismo de defensa y de preservación, que nos protege contra aquello que puede hacernos daño en el mundo. De hecho, es uno de los mejores mecanismos de defensa que tenemos ya que nos mantiene vivos. Si por ejemplo uno pone la mano sobre una plancha caliente, el dolor hará que quitemos la mano rápidamente, lo que evitará que nos hagamos daño. Si no hubiera dolor, probablemente nos quedaríamos sin mano antes de pensar en quitarla por nuestra cuenta.

Sin embargo, al analizar el origen, algunos podríamos pensar que el dolor se produce solamente en el lugar donde uno se golpea o se lastima. Dicho en otras palabras, si se lastima un dedo, podría pensarse que el dolor proviene del dedo; o sea que el dedo lastimado está produciendo, tal vez en venganza por haber sido herido, alguna sustancia o “cosa” que hace que se sienta dolor.

Aunque efectivamente la señal de que algo malo acaba de pasarle al dedo se genera en el dedo, el dolor no depende sólo dedo sino, en muchísima mayor proporción, por el cerebro.

El cerebro es una supercomputadora que recibe y procesa señales y emite respuestas ante éstas, por lo cual, cuando el cuerpo percibe un daño o agresión, el cerebro recibe las señales provenientes de la zona afectada, las procesa, interpreta y las traduce como dolor. Todo en nuestro interior está conectado por lo que ante una agresión, ciertos sensores se activan y envían una señal de alarma al cerebro. El cerebro puede o no hacer caso a la señal o, si la señal no llega correctamente o no es buena, el cerebro puede no hacer nada porque la alerta nunca llega.

Esto es, por ejemplo, lo que ocurre con los diabéticos. Los niveles altos de azúcar dañan los nervios del cuerpo, lo que provoca que, ante un estímulo de dolor o incluso otros, la persona no sienta lo que está pasando. Así, una persona con diabetes podría lastimarse alguna parte del cuerpo y no sentir dolor, dejando que la herida avance hasta tener con ello graves consecuencias.


Y, ¿Cuando duele todo o casi todo el tiempo?

En algunos casos puede ocurrir todo lo contrario, donde en vez de no sentir ese dolor que podría indicarnos peligro, causa dolor constante que no se quita. Al haber algún daño en el nervio es un poco impredecible qué tipo de señales llegarán al cerebro y cómo serán traducidas.

Así, en pacientes con dolor crónico, un problema en los nervios (secundario a lesión, compresión, entre otros) podría hacer que lleguen al cerebro señales de alarma permanentemente, por lo que el dolor nunca se va. Aunque los medicamentos son muy útiles para el control del dolor en circunstancias normales, en estos casos donde el dolor se debe a causas externas, ni medicamentos muy fuertes logran un buen control del dolor.

Para estos pacientes existen alternativas hoy día y es que, si el dolor se debe a la presencia de señales de alarma que se encuentran de forma permanente, es posible sustituir la sensación de dolor por un simple cosquilleo mediante la introducción de algunos dispositivos que cambian estos estímulos por otros que no son traducidos por el cerebro como una señal de alerta, con lo que mejora la calidad de vida de las personas increíblemente.

El dolor es un fenómeno sumamente complejo, pero en general lo debemos entender como un reflejo positivo que nos salva del peligro y que, aunque cuando falla causa consecuencias sumamente negativas, el entender que deriva del cerebro también nos ha enseñado que puede corregirse si “hackeamos” un poco a nuestra computadora.

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