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Todos conocemos o hemos conocido en la vida a alguien con asma, incluso puede ser que nosotros mismos la hayamos padecido o la padezcamos.

Pero a todo esto… ¿Qué es el asma y por qué ocurre?

Las vías respiratorias (conductos por los que pasa el aire desde la nariz hacia los pulmones) están compuestas por varias capas entre las cuales se encuentran músculo y revestimientos protegidos por moco.

Existen personas que, ante ciertos agentes externos como el pelo de animal, químicos, medicamentos, temperaturas, moho, polen, ácaros, humo de cigarro o incluso con estrés, emociones fuertes o infecciones, entre otros, las vías respiratorias se inflaman, produciendo que los músculos se contraigan (se tensen) y los revestimientos se hinchen. El conjunto de elementos hace que la cantidad de aire que puede pasar a los pulmones sea menor, lo que causa falta de aire y dificultad para respirar (la cual se hace aún peor al hacer algún tipo de actividad física ya que no hay suficiente flujo de aire). El estrechamiento de las vías aéreas puede causar que el aire que pasa lo haga de la misma forma que si lo hiciera a través de un silbato, por lo que es frecuente que se escuchen ciertos silbidos (denominados sibilancias). Al estar inflamada la vía, el cuerpo puede producir tos como reflejo para tratar de expulsar lo que interpreta como la obstrucción de las vías aéreas o para sacar el moco (flema) que llega a obstruir el poco espacio que queda en la vía respiratoria inflamada y estrecha.

El asma tiene varios grados que dependen de qué tanto se cierran las vías respiratorias. A mayor inflamación de los conductos, menor la cantidad de oxígeno que llega a los pulmones. Si la cantidad de oxígeno que llega es muy poca, el cuerpo empezará a activar mecanismos para sobrevivir, quitando sangre de lugares que la no necesitan tanto para dársela a órganos vitales. Esta reacción causa que labios, cara y el final de las extremidades empiezan a verse azulados, lo que marca un signo de que ya empieza a ser urgente recibir atención médica.

Cuando los mecanismos empiezan a fallar y el cerebro se empieza a quedar sin oxígeno, empieza a haber menor lucidez, somnolencia o confusión. El pulso se acelera para tratar de que el poco oxígeno en la sangre llegue a donde se necesita, empieza a haber ansiedad intensa por la falta de aire, la dificultad para respirar alcanza niveles extremos y empieza a haber sudoración abundante.

Llegando a este punto es muy importante revertir el estrechamiento de las vías pues de continuar niveles tan bajos de oxígeno podría haber daños a ciertos órganos o incluso la muerte.

Lo mejor, además de acudir con su médico para que evalúe el estado de su asma y el tratamiento más adecuado, es evitar los agentes que detonan sus ataques en la medida de lo posible. Recuerde que estamos hablando de una enfermedad asfixiante, así que lo que haga para evitar los ataques podría, literalmente, salvar su vida.

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