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Síndrome de clase turista: cuando un viaje termina en desgracia

Síndrome de clase turista

¿Alguna vez habías imaginado que viajar en avión puede tener efectos adversos en tu salud?

 

Cuando fijamos en nuestra mente la imagen de un avión, inmediatamente relacionamos con la emoción de despegar, volar y mirar por la ventana un paisaje único de nubes con fondo azul y esta emoción, aumenta aún más cuando recordamos el destino.

Sin embargo, la mayoría de las veces olvidamos que nuestro organismo no está 100% preparado para soportar los cambios dentro de la cabina del avión y la disminución de la presión atmosférica, sobre todo en los viajes de larga duración.

El síndrome de clase turista es uno de los problemas de salud que se presenta con frecuencia. Debido a la escasa movilidad de los miembros inferiores (piernas) durante las estancias prolongadas en avión, la sangre comienza a circular con mayor lentitud, favoreciendo la formación de coágulos dentro de las venas de dicha zona. En términos médicos, a este padecimiento se le conoce como trombosis venosa profunda (TVP). La mayor complicación de la TVP es que algún fragmento de estos coágulos se desprenda y termine en la circulación pulmonar.

El riesgo de padecer el síndrome de clase turista aumenta si sumamos el cambio de presión atmosférica y la baja humedad dentro de la cabina. También, es importante mencionar otros factores que favorecen su aparición, tales como problemas congénitos de coagulación, antecedentes personales de trombosis, várices, terapia hormonal o anticonceptivos orales, edad avanzada, obesidad o ser sedentario.

 

¿Hay alguna forma de detectar la aparición del síndrome de clase turista?

La respuesta es sí, ya que casi siempre los síntomas, tales como dolor y edema (inflamación) en los miembros inferiores, suelen aparecer de forma inmediata durante el viaje. Sin embargo, estos síntomas son tan inespecíficos que hay que esperar el aterrizaje y visitar un hospital para confirmar el diagnóstico realizando pruebas especializadas como ecografía de compresión o flebografía. El tratamiento con anticoagulantes ayuda a revertir la formación de coágulos y mejora la circulación, principalmente en las venas.

La buena noticia es que hay manera de prevenir. Lo primordial es la movilidad. Sabemos que durante el viaje en avión, hay veces que no está permitido caminar por mucho tiempo en los pasillos; sin embargo, cuentes o no con un factor de riesgo, lo más recomendable es buscar el más mínimo pretexto para estirar y mover las piernas y mientras permanezcas sentado, lo ideal es no doblar incómodamente las piernas o dejarlas colgando.

Otras medidas que recomendamos adoptar es mantenerse bien hidratado y evitar el consumo de alcohol y el café, ya que estas bebidas favorecen la pérdida de líquidos, así como viajar con ropa cómoda y holgada. Aquellas personas que hayan sido diagnosticadas previamente con alguna enfermedad que afecte la circulación sanguínea, deben considerar el uso de medias compresivas hasta las rodillas.

 

Así que cuando estés planeando tu próximo viaje en avión, recuerda que puedes hacerlo aún más perfecto si evitas permanecer sentado y con poca movilidad de las piernas todo el tiempo… un cambio tan sencillo te ahorrará muchas complicaciones.

 

El síndrome de clase turista no debe ser una tus anécdotas vacacionales.

 

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