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Los cálculos o piedras biliares son depósitos sólidos, formados y acumulados en la vesícula biliar. En otras palabras, son piedras que pueden ser tan pequeñas como un grano de arena o tan grandes como un limón. Se pueden formar por un exceso de colesterol o demasiada bilirrubina en la bilis.

Los cálculos pueden obstruir las vías biliares y ocasionar infecciones, no solo en estas, sino también en el páncreas e hígado, lo cual pone en peligro la vida del paciente. Esta condición afecta principalmente a mujeres, nativos norteamericanos, hispanos y personas mayores de 40 años o con obesidad. También pueden ser de carácter hereditario o presentarse como factores especiales como trasplante de médula ósea, cirrosis hepática o el consumo de pastillas anticonceptivas.

En ocasiones no se presenta ningún tipo de síntoma o señal; incluso puede ocurrir que tampoco son descubiertas con una radiografía de rutina o alguna cirugía abdominal. Entonces, con el tiempo, estas piedras aumentan de tamaño y tapan los conductos que drenan la vesícula o vías biliares. En consecuencia se presentan dolores o cólicos biliares.

Primeramente, al no haber cólicos biliares, el único indicio que se podría tomar en cuenta como indicativo son los trastornos digestivos como eructos, gases, náuseas, vómitos y falta de apetito. Sin embargo, esos síntomas no son determinantes, ya que fácilmente pueden ser confundidos con síntomas de apendicitis, es decir, la inflamación del apéndice.

Los cólicos biliares comúnmente aparecen después de ingerir alimentos altos en grasa por las noches. Se presentan como dolores fuertes y continuos en la parte superior del abdomen, los cuales van aumentando de intensidad y cuya duración abarca de unos cuantos minutos hasta varias horas ininterrumpidas. Dichos dolores causan pulso débil y acelerado, respiración superficial, manos y pies fríos, vientre tenso y sensible a la más mínima presión.

 

 

El dolor puede extenderse hacia atrás o hacia la izquierda (en la zona del estómago); pero es más frecuente que se desplace hacia arriba (a la zona del hombro derecho) y hasta se puede alojar en la espalda (entre los omóplatos). Este cólico o dolor se desvanece cuando la piedra recorre las vías biliares y se aloja en el duodeno (intestino delgado entre el final del estómago y el yeyuno).

Cuando la piedra no termina su recorrido por las vías biliares hacia el intestino y se queda atorada en algún punto antes de llegar al duodeno, el dolor puede desaparecer; pero ocurre una obstrucción casi completa de la salida de la bilis hacia el intestino. A esto se le llama ictericia (otro síntoma de piedras biliares), ya que la bilis, al no poder llegar al intestino, se esparce por la sangre y provoca que la piel y los globos oculares se tornen amarillos. Esta tonalidad se va acentuando a medida que aumenta la cantidad de bilis en el torrente sanguíneo. Por lo tanto, es imperativo consultar al médico al presentarse estos síntomas.

Por supuesto, síntomas como náuseas, vómito y fiebre persisten cuando hay cálculos biliares. El dolor también es continuo debido a que la piedra se mueve a través de las vías biliares.

También se pueden experimentar escalofríos o cambios en la temperatura corporal, agotamiento o falta de energía, rechazo e intolerancia a los alimentos ricos en grasa y, por supuesto, indigestión debido al trastorno experimentado.

Otro síntoma que puede presentarse y al que se debe poner especial atención es a la expulsión de heces color arcilla, ya que eso indica la presencia de piedras biliares.

Además de los síntomas mencionados, se pueden encontrar otros indicios que nos pueden llevar hacia el diagnóstico de esta enfermedad biliar por medio de una exploración clínica en la que el médico debe confirmar:

  • Engrosamiento del hígado, detectado por palpación o con ecografía; aumento importante en la intensidad del dolor al explorar manualmente la zona de la vesícula;
  • Presencia de una ligera insuficiencia hepática (falla en el funcionamiento del hígado) cuando hay pigmentos biliares en la orina.

 

 

 

FUENTES Y REFERENCIAS CONSULTADAS:
Moreira V, Ramos Zabala F. Litiasis biliar (Información al paciente). Rev Esp Enferm Dig (Madrid) 2005; 97(10):752.
Vías biliares y vesícula biliar. Libros virtuales IntraMed. www.intramed.net

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