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Tecnología anticoágulos: ¿Cómo está cambiando la vida de los pacientes con arritmias?

Aquí podrás ver cómo funciona el dispositivo:

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Una de las arritmias más frecuentes en el mundo es la fibrilación auricular. Pensemos en la fibrilación como sinónimo de temblor o sacudida. Las aurículas (parte superior del corazón que se encargan de recibir la sangre del cuerpo), normalmente se contraen (a manera de una esponja siendo exprimida) en forma relativamente simétrica ayudando a que la sangre llegue hacia los ventrículos (quienes la bombearán hacia los pulmones o al resto del organismo). En la fibrilación auricular, en lugar de que las aurículas se contraigan, éstas tiemblan como una gelatina que acaba de ser sacudida, lo que no sólo no ayuda a que la sangre llegue a los ventrículos, sino que crea turbulencia la cual provoca la formación de coágulos que después podrían llegar al cerebro (produciendo embolias cerebrales) o a otras partes del cuerpo produciendo daños en diversos órganos y tejidos.

Es muy frecuente que los pacientes con fibrilación auricular reciban tratamiento con anticoagulantes orales para evitar la formación de coágulos. A pesar de que la sangre se agite ocasionando turbulencia, los anticoagulantes hacen que no se formen coágulos lo que previene infartos, embolias y otros problemas. La parte negativa de este tratamiento es que como la sangre no forma coágulos como lo haría de forma normal, incluso pequeños cortes podrían producir sangrados difíciles de controlar. Además, existe riesgo de que hayan sangrados internos en el esófago, estómago, intestino, así como derrames cerebrales (eventos vasculares cerebrales de tipo hemorrágico).

Recientemente, científicos preocupados por este problema descubrieron que el 90% de los coágulos que se forman en los pacientes con fibrilación auricular provienen de un pequeño apéndice (u orejuela) de la aurícula izquierda cuya función parece ser la misma que la de la tapa de una olla exprés: aliviar o liberar la presión excesiva, en este caso, de la aurícula izquierda.

Los científicos pensaron que si esta parte era la responsable de los coágulos, probablemente tapándola o cerrándola se reduciría el riesgo de desarrollarlos significativamente. Así, después de años de investigación desarrollaron un pequeño implante que cierra este apéndice, lo que provoca que la sangre que normalmente se estancaría en esta parte formando coágulos ya no lo hace.

Después de poner este pequeño pero fantástico dispositivo, se reduce la formación de coágulos de manera tan drástica que los pacientes pueden dejar de tomar anticoagulantes, teniendo que mantenerse muchas veces sólo con ácido acetilsalicílico (aspirina) en dosis bajas, lo que (prácticamente) elimina el riesgo de sangrados y mejora impresionantemente la calidad de vida de estos sujetos quienes ya no tienen que preocuparse de que un fuerte estornudo o un accidental corte con el cuchillo al cocinar literalmente podría matarlos.

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