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Várices: ¿Problema estético o advertencia de riesgo?

Las várices ocurren cuando las venas del cuerpo se inflaman y se vuelven tortuosas o retorcidas por debajo de la piel. Por lo general son visibles y aunque suelen aparecer más en las piernas que en los brazos, pueden verse incluso en otras partes del cuerpo.

¿Por qué ocurren?… Bien, lo primero es saber cuál es la función normal de las venas, que es a grandes rasgos hacer fluir la sangre desde la periferia del cuerpo hacia el corazón. Para esto, como en el caso de las piernas, en muchas ocasiones la sangre tiene que vencer la fuerza de la gravedad, ya que tiene que fluir de abajo hacia arriba. De forma normal esto se logra gracias a la función de los músculos del cuerpo (que al contraerse “exprimen” las venas) y a unas válvulas que tienen las venas y que ayudan a que la sangre no “se regrese” hacia abajo, sino que se contengan para seguir su camino “hacia arriba”, en dirección al corazón.

En ocasiones estas válvulas pueden ser débiles, dañarse o fallar, lo que produce que la sangre se detenga o se acumule (estanque) en las venas. El “estancamiento” de la sangre de las venas a largo plazo las va hinchando y debilitando su pared, lo que las hace “holgadas”.

Como este fenómeno no siempre ocurre de manera uniforme, es decir, en ocasiones se debilita sólo una pared a la vez. El trayecto de la vena se va haciendo “tortuoso” como una carretera con múltiples curvas, además de irse inflamando cada vez más a medida que se va debilitando y adelgazando la pared (de la misma forma en la que un globo se infla a medida que uno va agregando aire en su interior).

Esto, de manera general, es el mecanismo por el cual se forman las várices.

 

Algunos factores aumentan el riesgo de sufrir várices. La obesidad (y el embarazo), por ejemplo, puede llegar a comprimir de cierta forma algunas venas dificultando el retorno de sangre; el peso elevado además se asocia a la falta de ejercicio (que hace que las venas no puedan “exprimirse” por la acción del movimiento de los músculos), por lo que el riesgo de presentar várices se incrementa.

La mayoría de las várices pueden diagnosticarse a simple vista o por un médico mediante un examen físico, pero algunas, cuando son profundas, pueden llegar a requerir pruebas adicionales para ser identificadas.

Si uno tiene várices, es posible hacer ciertas cosas para evitar que éstas empeoren. Si uno pierde peso, hace ejercicio, evita cruzar las piernas al sentarse y las eleva al descansar, usa ropa suelta y evita largos periodos de pie, se puede disminuir su progresión.

A algunas personas, las várices sólo les suponen un problema estético (ya que no son muy agradables a la vista), sin embargo, a otras les causa dolor o aún peor, les condiciona un gran factor de riesgo para el desarrollo de trombos.

Recordando el mecanismo por el cual se producen las várices, su producción y consecuencia es el estancamiento de sangre, mismo que puede ocasionar que ésta se coagule formando trombos que podrían tener graves consecuencias a la salud.

 

Si una vena varicosa duele, se inflama, o si el dolor se hace más intenso o más difícil de contener, es un buen momento de acudir con un especialista. Recordemos que no todo en la vida es estético, por lo que esta condición podría llegar a complicarse de no ser tratada a tiempo.

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